viernes, 17 de enero de 2020

EL PARQUE A LAS GARZAS, UN TRIBUTO AL ESPÍRITU

EL PARQUE A LAS GARZAS, UN TRIBUTO AL ESPÍRITU 

En Cali hay un pequeño parque, llamado de las garzas, en la mitad de otro, que es Pance.  Bastante amenazados ambos por la construcción desenfrenada a sus alrededores.

En este apacible lugar se hace un tributo a las almas de 159 personas que de manera trágica murieron en el avión de American Airlines en el año de 1995. Sus familias rindieron honores a los hijos caídos en la cordillera central, cuando -en esa noche de navidad- volvían a casa. 

En este preservado espacio de libre acceso para seres humanos y otros animales, se ven múltiples aves, entre residentes y visitantes. Quien me guía me comenta que algunas personas creen, que estos seres alados encarnan las almas de las personas que se fueron de manera trágica y los vuelven a traer a la tierra en forma de espíritus libres. 

En medio de esta mañana fresca y luego de observar más de 21 tipos de aves distintas, yo también lo siento así, el comportamiento de estas juguetonas aves encajan dentro de ese pensamiento místico. 

Ver esta diversidad de pájaros es un homenaje a quien contempla y no olvida que estar vivo es, en parte, un ejercicio de conciencia permanente sobre nuestra brevedad en este mundo y lo importante que se vuelve conservar lo poco o lo mucho que vamos dejándole a las siguientes generaciones.

Por estas extrañas sensaciones y pensamientos volátiles que se experimentan en este espacio, el Parque de las Garzas es un tributo a la memoria y al libre albedrío de quienes nos han dejado. Paz en su vuelo eterno. 





¿Qué es AVISTAR?

AVISTAR

El avistamiento no es otra cosa que acercarte a tu ventana, correr las persianas y mirar con detenimiento las aves de un espacio y tiempo que compartimos en este azaroso despertar. Es abrir los sentidos y activar la conciencia de captar su magnética y esquiva presencia a la vez. 

A medida que vamos abriendo nuestra conciencia, los voladores van apareciendo. Nos enfrentamos al espontáneo encuentro de su presencia. No es que no existieran, es que siempre han estado ahí y no nos dábamos cuenta. Por obvias razones, estos seres no se quedan esperando a que los veamos, aparecen y desaparecen entre el paisaje. 

El tiempo que se exponen a nuestra mirada se mide en segundos, fracciones realmente. Mientras más agreste el terreno menos se muestran. Incluso al parpadear se pierden de vista, desaparecen sin dejar rastro alguno, sólo destellos de imágenes inconexas y la siempre mala memoria de sus características. En los bosques vírgenes son más difíciles de ver aún. 

Es una experiencia emocional, tanto de advertencia sobre mis capacidades de captar lo que me rodea, y también de oportunidades para estar presente y muy consciente al momento actual.  

Avistar es una puerta de entrada a la conciencia ambiental de nuestro tiempo, tan necesaria para la preservación de las especies. Es continuar como ciudadano con las banderas de Humboldt, Darwin, Mutis y Caldas y tantos ambientalistas que nos invitan a tener conciencia sobre las acciones que estamos haciendo para relacionarnos con otras especies sin someterlas a tanto capricho, tan solo el deleite de verlas, sin violentarlas o someterlas.