Pance: Que burros estamos siendo con ese Charco
por Esteban Ortiz
Advierto que no vivo y no tengo interés de vivir a las orillas del Rio Pance.
Pero hago todo lo posible para que mucha gente pueda vivir dignamente en Cali y
esta zona de la ciudad es un referente obligado, por sus estándares de vida,
calidad del aire, y modelo ecológico que impera allí.
Admito, eso sí, que lo visito de manera frecuente. Como todo caleño que
se respete, voy con mis hijos a recrearme gratuitamente, a respirar a todo
pulmón, y a desestresarme de los avatares propios del frenesí de la ciudad.
Este lugar es de los que me hacen sentir feliz y orgulloso de vivir en Cali.
En verdad (y que no me oiga la Corporación para la Recreación Popular) no
me gusta ir al Parque de la Caña, pues no me llama la atención lo artificial. Cada vez que el hombre construye algo, lo hace más caliente, emula muy mal la
naturaleza, y sobre todo cobra por la entrada. Por el contrario, me enorgullece
como caleño lo que sucede un domingo en Pance.
Pance es una de las pocas zonas de la ciudad que conjuga toda la
variedad social de la ciudad. Un domingo en Pance nos acerca a las sociedades
más prosperas, donde las castas sociales desaparecen y la convivencia social
florece y nuestro valor fundamental: la familia, crece en interacciones.
Pance es un laboratorio permanente de comportamiento social, es nuestro
Central Park de Nueva York, o el Hyde Park de Londres, o los campos de Marte de
Paris (no conozco muchos más, confieso). Con el privilegio adicional de que
tiene un rio cristalino, aparentemente limpio, y sobre todo frío que reconforta
igual al bañista, al deportista o al enguayabado. Celebro que el MIO haya
robustecido su oferta de movilidad los domingos para esa zona.
Pance es uno de los más grandes patrimonios que tenemos en Cali, por no
decir el gran pulmón, un muy importante proveedor de agua, y garante de que en
Cali también tenemos una gran zona rural. Cali es 70% rural. Estos Farallones
de Cali son una gran bendición para esta ciudad que nace, crece y se sigue
recostando, para bien y para mal, en ellos.
Ahora bien, con la aprobación del nuevo POT (2014) se abre la
posibilidad de construir edificios de más de 3 pisos en esta zona de la ciudad.
El problema no es sólo del POT, es la interpretación del mismo que hacen las
empresas constructoras, que se mantienen atentas a los límites, para ver cómo
se corren un poco más. Los compradores no tienen la información si lo que
compran cumple o no con la normatividad. Suponen que todo está en regla, en
especial, si pagan 5 millones de pesos por metro cuadrado, todo un record para la ciudad.
Pero confieso que el tema no es el valor del metro cuadrado o la libre
competencia entre las constructoras. Tampoco es que haya más gente viviendo en
Pance, todo el mundo merece vivir en una zona privilegiada de la ciudad. No me preocupa tampoco (me van a matar algunos) que tengan grandes
trancones y que a futuro para poder entrar o salir haya que construir otra
circunvalar por los farallones de Cali (ahora los ecologistas si me van a acabar)
o que haya que ir hasta Palmira para ir al centro, es un tema que cada cual
decide. Conozco perfectamente que la infraestructura es deficiente y las
constructoras, más temprano que tarde, tendrán que hacer buenas vías para sus proyectos e intuyo que también tendrán
que hacer las grandes vías que alimenten sus vías.
Conozco también que el gobierno municipal (pues hice parte de él) tiene
sus grandes prioridades en lo social, y las cito en orden de importancia: la
pobreza extrema, la violencia, la educación, la generación de oportunidades
sociales, los servicios públicos, el transporte público, el espacio público y
las vías. Como verán con escasos recursos la prioridad no son las vías y eso
debe ser así. ¿De qué nos sirven vías? si hay hambre, si nos matamos, si nos
falta educación ciudadana, si no tenemos dinero, si no tenemos agua, o un buen
MIO.
El problema que quiero exponer es la exagerada altura de los edificios. Los constructores aprovecharon el cambio del POT para pasar de 3 pisos a 12. En poco tiempo Pance verá
aparecer edificios de 12 pisos. Volúmenes gigantes que afectarán todo el
ecosistema de las casas y la naturaleza que impera ahí. Llegar al río será por
entre los edificios. ¿Quién se va a imaginar que entre esos edificios había un
río ecológico? ¿Quién va a garantizar que no sólo este lado del río es el que
se va a construir? Intuyo con tristeza que muchas de las personas que habitan allí
poco a poco se irán del lugar, huyendo de estas alturas.
Este dolor por las migraciones sociales, pero sobre todo el dolor
ecológico explota en mi pensamiento. Es un dolor que el rio Pance y sus riveras
tengan edificios de 12 pisos. Como, también es un dolor que hace 10 años
aparecieran unos conjuntos de apartamentos pegados justo al lado de la
Cañasgordas. Como fue un dolor hace 30 años ver Ciudad Jardín con edificios.
Me dirán que estoy negado al progreso, pero he investigado sobre la historia
de Cali y me encontré con una leyenda parecida. Hace más de 50 años, el rio
Cali formaba el famoso Charco del Burro, un fenómeno social igual al que sucede
en Pance hoy. En el cual todos los habitantes de Cali, ricos y pobres, ingenieros y artistas,
confluían en este espacio donde éramos menos clasistas y más ciudadanos, menos
desiguales y más seres humanos.
Que exabrupto presenciamos, Pance, nuestro orgullo como caleños,
desaparecerá: que burros estamos siendo con ese charco.
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