Aves a diario – Un diario de aves
Un diario ¿Para quién? ¿Para qué?
Para Ud. Si quiere. Mas bien esas preguntas las voy a obviar. A lo largo del
proceso tal vez nunca se respondan definitivamente. Les quiero compartir mi
afición, mi deseo, mi pensamiento que se detona, cuela y emerge al ver un ave
en libertad.
La Stilpnia
Julio 22 de 2020
Hoy me levanté a las
6 am. Salgo al balcón y aprovecho para saludar a la montaña, esa masa viviente,
que es mi gran vecina. De esta -aparente- masa inerte salen tonalidades de
verdes, amarillos y sonidos, algunos son cantos.
Mis adormilados sentidos se van activando a medida que van captando la intensidad de lo que resuena. Mi cerebro empieza a conectar lo que supone que es el origen del ruido. Aves diferentes están ocultas, pocas se asoman. Una guacharaca, una mirla más allá, y un par de tángaras vitriolinas ahí.
Una de ellas se posa cerca pero a distancia prudente. Ambas
cantan. Voy por la cámara, apunto y disparo dos veces a una de ellas. Sus
colores y el distintivo naranja de su cabeza quedan en la primera foto, en la
segunda, ya voló.
Tomo un sorbo de café, privilegiado me siento al saber que
son únicas de esta zona del mundo, residen desde el Valle del Cauca hasta el
norte del Ecuador. Cuando la conocí le decían Tángara rastrojera, (más
ordinario no podía ser este nombre). Desde hace dos años le cambiaron el nombre
por el de Stilpnia vitriolina. La ciencia cambia, evoluciona, mis sentidos
también se vuelven agudos.
Ahora sí estoy completamente despierto. Mi cazador interno
quiere más.
Bienvenidos a AVES A DIARIO: UN DIARIO DE AVES.
La diversa tángara negra
En la tarde de ayer se posaron -más bien lejos- la Tangara negra y su compañera. Saltaban de arbusto en arbusto, y hacia donde él iba, llegaba ella. Emitían un sonido constante, asumo que estaban contentos con lo que exploraban.
Lo interesante de esta Tangara negra es que
atrae las miradas de todas las demás aves. El negro es un color muy apreciado
en el reino de las aves, si que nos dan ejemplo en eso. La gente del común le
dice “malcasado”, denotan que siendo él tan vistoso, ella en cambio no lo es,
-a lo que me opongo, pues tiene también su gracia-.
Es bien enigmático que estas Tángaras se
atraigan y sean realmente tan distintas entre ellas, él de un negro exuberante
y ella de un café bien particular.
Confieso que decirle “malcasado” me incomoda, pues
considero que generar opiniones sobre las relaciones de las demás especies es
algo muy propio de la nuestra, bien ruin y poco constructiva. Es toda una
intromisión en los gustos particulares de cada quien, siendo la libertad de
elegir uno de nuestros pilares, lo enlodamos todo el tiempo con palabras soeces.
Hay que dar lora
Sept 24 2020
Son las 6:00 am empiezo a entreabrir los ojos, a lo lejos resuenan
las loras. Pasan todos los días a primera hora despertándonos y en la tarde
vuelven activas, bullosas, bien impertinentes.
Por esta zona de la ciudad circulan loras grandes como las guacamayas
-Ara severus-, medianas como las de cabeza azul -Pionnus menstrus- y las pequeñas,
como los periquitos, los de anteojos -Forpus conspicilatus- y las de alas
amarillas -Amazona brotogeris-. Todas hacen un ruido frenético, enloquecedoras
para algunos, interesantes y alegres para otros.
Por mi lado, tomo un sorbo de café y me inclino a pensar que
son seres bien agraciados y hasta inteligentes. Igual que nosotros, parlotean todo el tiempo, identifican
el territorio, van siempre en bandadas y dependen vitalmente de sus congéneres.
Me gustaría saber ¿De qué hablan? ¿Qué se estarán diciendo? ¿A qué se referirán
con ese cotorreo constante?
Seguramente los animales que habitamos la tierra compartimos las mismas preocupaciones por la alimentación, la reproducción, el cobijo y la seguridad de no morir a causa de un depredador. Creo que como nosotros, las loras, van más allá, son seres que se relacionan y establecen vínculos, tienen un lenguaje, y con él: inteligencia, memoria y conciencia.
Se imaginan si supiéramos de qué
hablan. Qué tal un software que permita saber qué dicen y en un futuro comunicarnos
con ellas.
Algún día nuestra cultura cambiará y se interesará en compartir amigablemente el planeta con los demás seres
que intervenimos esta bioesfera. Nos vincularemos genuinamente a establecer relaciones
horizontales, más armónicas, de largo plazo, con la flora y la fauna.
Mientras eso sucede, habrá etólogos que analizarán los
animales de lo que hablan y sienten. Habrá biólogos que nos describan mejor las
especies. Artistas que capten su belleza. Comunidades que se dan cuenta que viven
en medio de un zoológico de animales libres y que al conservar su entorno, puedan
vivir de observarlos. Y entre todos nos sacarán de este marasmo de creer que los
seres humanos somos los únicos, los superiores, los inteligentes que habitamos este
mundo.
Estoy seguro, que cuando la ciencia demuestre que estamos
rodeados de otros seres igual de inteligentes, no de otras galaxias, sino aquí
mismo al otro lado de la ventana, el mundo cambiará para siempre. Volveremos a los
orígenes, a relaciones superiores de codependencia y de cohabitación, y nos distanciaremos
-ojalá a tiempo- del colapso medioambiental. Hay que dar lora con esto, mucha
lora!!
La complejidad del Chulo
Hace días los veo revolotear.
Comen carroña, se nutren de lo que es inmundo: carne descompuesta, restos de animales. Nos recuerdan a los vivos que saquean, en Colombia les decimos chulos a los ladrones. Nuestro lenguaje los descalifica, los enloda. Por puro desconocimiento, los humanos hemos categorizado a las aves como dioses deseables, pero los chulos estan por debajo, son los despreciados. Su presencia es vista como un mal presagio. Que mala imagen les precede.
El tema se complejiza porque el chulo mayor - el cóndor- hace parte de nuestro emblema nacional. Escogimos los chulos como ejemplo a seguir. A quién se le ocurrió ponerlo ahí. ¿Por grande y poderoso? o por ¿ruin y ventajoso?
En mi caso, al observarlos todos los días, empiezan a aparecer cualidades únicas. Su vuelo es agradable, agraciado, solo verlos planear es un alivio para el ánimo. Van en grupos, son solidarios, juegan y se comunican, graznean y hasta se mofan.
Realmente hacen un papel fundamental en la cadena natural, se ocupan -sin cobrar- del deshecho animal. Colaboran en descomponer la materia y la vuelven otra vez energía, esencia de la vida.
En definitiva el chulo o Coragyps atratus es un ser ambiguo, despreciado por muchos y también emblema nacional. Por mi parte me sigue gustando tomarle fotos mientras aprendo más de ellos.
El tiranuelo
Julio 25 de 2020
Las aves pequeñas tienen su encanto. La considero así una que mida entre 5 y 10 cm. Basta con tener en cuenta la dificultad para encontrarlas entre la maraña de los matorrales en altura media.
Tengo una historia con este, el atrapamoscas más pequeño, llamado tiranuelo. En tres años, lo he visto en 3 oportunidades -cuarta con esta- en 2 veces lo he podido fotografiar. Esta imagen es la más estética y completa que le he logrado a este Phaoemyias murina de 6 cm.
Hoy alcancé a ver 18 especies de pájaros, a las cuales 10 les tomé fotos de registro. Cuando logro cierto nivel, como es esta imagen, una sonrisa interior se desliza. Bien me aplaudo.
La cuarentena me puso a mirar más y mejor la naturaleza alada que me rodea. Soy un privilegiado de vivir rodeado de aves en una ciudad en donde abundan, no solo en cantidad sino en diversidad. Feliz cumpleaños # 284 para Cali, vivir aquí es un privilegio. ¿Cuándo celebraremos todos por esta diversidad ambiental?
El Bichofue gritón
Julio 27
Recuerdo que la primera vez que los vi fue como emblema de
los Juegos mundiales celebrados en Cali, los Juegos Mundiales de 2013 - World
Games-. En esos días se me viene a la memoria lo grande que fuimos como ciudad, lo
orgullosos que estuvimos, lo cívicos que terminamos siendo. Fue una fiesta social inolvidable para
esta Cali que ha sido grande gracias al deporte. Gobernantes es por ahí, es por
ahí.
Volviendo al bicho este, desde ese día me grabé el nombre
del Bichofue, porque así dicen las personas que canta: “Bichofue” “bichofue”. Su
nombre científico es igual de curioso: Pitangus sulphuratus, el pitangus de color sulfurado, para mi el emberracado todo el tiempo.
Esta ave es singular, se mantiene muy activa y territorial. Canta
y hace llamados todo el tiempo, que se alcanzan a escuchar bien lejos. Su porte es orgulloso,
altivo y cada vez que la veo, percibo lo caleña que es. Muy bien escogida como emblema
de la ciudad, bastante común verla y su apariencia nos deja bien
representados.
Tres amenazadoras Piguas
Julio 28
Rara vez veo tantas aves rapaces juntas. En una sola toma coger
tres es algo poco común.
Las piguas - o las Milvago Chimachima - son las rapaces más comunes por esta zona de la
ciudad. Les dicen águilas, pero realmente estas Caracara son más cercanas a los
halcones. Su labor en la cadena natural es prioritaria, comen roedores, lagartijas, sapos y
personalmente, las he visto cazar crías de otras especies de aves.
Las rapaces tienen un gran encanto y realmente son grandes
cazadoras. Haciendo un símil, creo que los seres humanos somos cercanos a ellas pues
compartimos la condición de ser cazadores, también de otras especies, pero para horror histórico lo somos de otros seres humanos.
La violencia dentro de nuestra especie humana es difícil de
entender, explicar y sobre todo comprender. Matamos a otros seres humanos, no
para nuestro alimento o consumo, sino para protegernos, defendernos o imponernos. ¿Qué
está pasando con el aprendizaje de la manada, de la educación en sociedad?
Somos una raza que es consciente de la muerte, pero en vez de volvernos cuidadores de la vida, nos volcamos a defendernos de nuestros congéneres y en caso de agresión empuñanos armas para agredirlos o matarlos. Ese instinto de muerte nos hace completamente alejados de la naturaleza, del ambiente y del cosmos. Vivimos asustados -no del entorno- sino de nosotros mismos, temorosos de los demás, y por esta condición alejados de los designios naturales del medio ambiente que nos rodea.
En estos momentos de pandemia, somos cazados, no por
grandes rapaces, sino por microorganismos feroces e implacables. En esta época
en donde virus y bacterias invisibles nos atacan, nos volvemos humanos,
tremendamente y emotivamente frágiles, cuidadores de los demás, preocupados por
preservar la vida y sobre todo el aliento, el aire que se nos escapa, exactamente el primero de los elementos
fundamentales para la vida. Que extraña cercanía a la muerte presenciamos hoy, sin el vital aire estamos.
Mosquerito silbón
Julio 30
Sus colores entre verde, amarillo y gris se parecen a muchos otros. A simple vista son bonitos, pero son un dolor de cabeza saber quiénes son. Por eso no me emociono mucho al verlo, pues pienso que puede ser un cabecigris, un copeton o un atrapamoscas juvenil de alguna de tantas especies. Me aseguro eso si de tomarle algunas fotos de más, para luego identificarlo en mi biblioteca.
En efecto un par de horas luego, descubro que esta ave es nueva para mí. Primera vez que la veo. Ave # 379. El Mosquerito silbón o Camptostoma obsoletum (que nombre tan largo para un ave tan pequeña). Según la tradición pajarera, este acontecimiento, amerita una cerveza.
Los libros de aves
Julio 31
En este diario no he hablado de mis libros de aves. Una de
mis colecciones privilegiadas, junto a las de viaje o biografías. Ellos van
cambiando de lugar en la biblioteca física, mientras más cercanos al momento
actual, mejores lugares, privilegios cómplices de acompañarme en mis gustos
actuales.
Cuando voy a viajar a algún lugar, planeo la experiencia,
busco tanto una buena guía de viajes como un libro de aves del mismo, son
grandes aliados. Y reconozco que cada vez más las guías de viaje hablan de las
experiencias de naturaleza, esto es innegable, la gente busca experiencias no
solo urbanas, sino también de espacios un poco más retirados de las urbes. De
todas las que he comprado “Lonely planet” es más de mi estilo.
En cuanto a las guías de aves, las prefiero dedicadas por
sus autores. Algunas las adquiero de segunda mano, de bajo precio y se nota que
están desactualizadas, se les nota el tiempo, pero eso es lo de menos. Tener
una guía de aves es fundamental para completar el goce de avistar. Es increíble
lo que ha cambiado este ejercicio en tan corto tiempo, la ciencia va avanzando
rápidamente, libros de hace 20 años, son reliquias ya. Aparecen nuevas
especies, van migrando de un lugar a otro y las guías quedan desactualizadas de
inmediato. De todas maneras, un mal menor a la hora de poder reconocer las aves.
Concluyo este punto, he venido adquiriendo azarosamente libros de aves dependiendo del lugar donde viaje. Los libros muestran la ciencia alrededor de su contemplación, son una pequeña muestra del interés por acercarme a las aves, identificarlas, reconocerlas y nombrarlas, fin último de la proximidad entre especies realmente extrañas y atractivas.
Las torcazas ¿OBSERVARLAS O COMÉRSELAS?
Agosto 1 de 2020
Vaya
dilema hoy en día. Y pensar que hace 50 años, haber publicado esta imagen era
para atraer comensales hambrientos para un festín.
-
¿Le apetece nuestra especialidad de la casa, nuestra ave de caza?
- decía el mesero del mejor restaurante de la ciudad.
En
efecto, este era uno de los platos especiales del mejor restaurante de Cali. Su
propietario, un italiano, salía de cacería de vez en cuando y este era uno de
sus platos especiales.
Hoy,
publico esta imagen y espero que nos les de hambre. ¿Qué ha hecho que hayamos
cambiado este comportamiento de cazador? Hoy nos parece inadmisible que nos la
comamos, las cacemos o incluso les generemos perturbación. ¿Por qué una imagen
que debería evocar la comida nos lleva más bien a la contemplación?
Algunas
respuestas, se vienen de inmediato. Tal vez la conciencia ambiental de que son
seres, habitantes momentáneos de este mundo. Tal vez un reblandecimiento de
nuestro comportamiento, por consumir tantas hormonas en los pollos. la realidad
es que ya tenemos acceso a alimentos permanentes, ya los conservamos y ya no
tenemos que salir de caza.
Ahí les
dejo esta inquietud.
LOS ESPIGUEROS
agosto 2
Cortar el césped muy a menudo, nos puede privar de verlas.
Sporophila nigrocollis.
LOS AZULEJOS
agosto 3
Son monógamos. los azulejos además de comunes, andan siempre
de la mano de su pareja, de ahí su éxito. Thraupis episcopus.
La monogamia es un tema extraño para la naturaleza. Tal vez
nuestra mirada sacra nos hace ponerle este “inri” a las relaciones sexuales tan
importantes para sostener las especies. Pero lo que encontramos es que la vida en
nuestro planeta “para siempre en parejas” es algo poco frecuente, más bien
exótico.
Guacharacas: una extinción postergada
Agosto 4
Estaban a punto de desaparecer. Hace 15 años algo pasó, tal
vez gracias a una nueva conciencia ambientalista, su extinción se pospuso. No se
el motivo, y tampoco conozco un éxito conservacionista tan contundente como
este. La evidencia sugiere que fue gracias a que el ser humano las dejara de cazar
para su consumo. Por increíble que parezca, el hombre deja de actuar, y la
naturaleza inmediatamente reacciona hacia el equilibrio, la compensación y la
conservación. Somos la especie amenazante para este planeta.
Las guacharacas – Ortalis- son Colombianas y bien
especiales, su manera de comunicarse estridente es la razón por la que son
recordadas. Todas las mañanas me despiertan, sus sonidos recuerdan a un
gallinero, son parecidas a sus primas las gallinas – Gallus gallus-, se
mantienen en constante parloteo. Su vida en sociedad es bien compleja, como
todas las sociedades en este planeta biodiverso.
En toda bandada, logia o secta la amenaza las mantiene vivas
y basan su supervivencia en cuidarse mutuamente. En particular las guacharacas
son escandalosas ante la presencia de especies amenazantes, especialmente las
rapaces, que cazan sus polluelos.
Afortunadamente, siguen con nosotros por montones,
seguiremos compartiendo este momento conservacionista con ellas. Importante
seguirle la pista a su razón de supervivencia, tal vez otras especies requieran
la misma dosis y el mismo tratamiento. En sólo Colombia más de 232 especies de
aves están en vía de extinción, ojalá no seamos recordados como el país que las
vio desaparecer para siempre.
La breve historia de un Cardenal Guajiro en Cali
Agosto 5 de 2020
Fue hace 2 años que lo vi, por primera vez. Iniciaba mis
lides de observador y me encontré con el difícil tema de identificar esta ave. Desde
mi balcón, se posó a unos 10 metros. Alcancé a tomarle un par de fotos, más
bien irregulares. Su color rojo intenso, su pico grande pero especialmente su
copete, era algo nuevo para mí. Inmediatamente consulté las guías de aves de
Cali y en ninguna aparecía.
Con interés, procedí a pedir ayuda a un experto, recurrí a FP,
le escribí por Whatsapp:
-
“Apreciado amigo. Quisiera que me ayudara a
identificar este pájaro, visto esta mañana en mi casa. Me confunde su cresta”.
A los 5 minutos, FP respondió:
-
“¿Dónde estás viviendo, por Dios?
-
De eso no hay por acá. Tuvo que volarse de
alguna parte. ¿El Zoológico?
-
Creo que es el cardenal guajiro. Yo no lo he
visto en libertad.
Inmediatamente lo busqué en las guías de Colombia y preciso,
se parecía mucho a la foto obtenida. En ese momento, un estremecimiento, tuve
una experiencia emocionante que se puede obtener en esta vivencia: descubrir
una nueva especie para la ciudad.
Con los días la espuma bajó, pero la esencia se mantuvo, la
ciencia llegó con argumentos como el de FP: “se voló del zoológico”, “se escapó
de una casa”, “hay muchos venezolanos en Cali, alguno lo trajo”, o el más
desalmado de todos: “ya debe estar en el estómago de un depredador”. Comprendí que
no se puede descubrir de la noche a la mañana un ave o una especie para un
lugar. Deben pasar varios avistamientos, años de constante presencia, incluso
un par generaciones de reproducción.
En ese año 2018, lo volví a ver un par de veces. Para mi
fortunio, descarté que se lo hubieran comido tan rápido. Infortunadamente no lo
pude volver a fotografiar. Después, la emoción sigue intacta, las manos me
sudan y la sonrisa se me escapa. Ese día decidí viajar para conocer más aves. Bienvenido
a la breve historia de un cardenal Guajiro perdido en Cali.
Detrás de cámara de esta toma
Algo se mueve entre las ramas. Me detengo frente al árbol. Me muevo lento. Mi visión se concentra en ese lugar. Sujeto la cámara. Trato de respirar bien, si me agito, la foto queda movida. Levanto la cámara, miro por el visor óptico, busco algún movimiento. Reviso si tengo la cámara en modo manual. Muevo lentamente el anillo que enfoca manualmente. Trato de tener listo tanto el automático como el manual. Hundo el botón de enfoque automático todo el tiempo.
Veo el pajarito, pero
solo le veo la parte de atrás. No es una buena foto, de todas maneras la tomo.
Trato de anticipar para que lado va, ojalá se pose en ese lugar más luminoso.
Espero que se vuelva a
mover. Estoy nervioso, ni idea qué especie es, no es el momento de pensar en
eso, pero si no la reconozco mucho, le hago más esfuerzo. Que tal que sea uno
que no haya visto. Nunca se sabe.
Cuando esté en buena
posición alcanzaré a hacer unos tres disparos. Vuelvo a mirar por el visor,
respiro tranquilo, me paro firme, sujeto la cámara con fuerza, pero sin hacer
mucha.
La espera tiene
recompensa, al fin el pájaro emerge entre el follaje. Hago un disparo y creo
que quedó mal enfocado. Afortunadamente sigue ahí. Corrijo el enfoque, vuelvo a
disparar tres veces. Creo que quedó mejor, no lo sabré hasta que llegue al
computador.
Miro la pantalla de la cámara, tal vez mucho ISO, menos
diafragma, más velocidad en la próxima foto.
Continúo adelante en mi
cacería fotográfica de aves. El Camptostoma obsoletum quedó más o menos bien.
El búho barrado, otro día será
Nov 5 de 2021
Exaltados y esperanzados llegamos este viernes a las 8 am a la Javeriana de Cali. La noticia de un búho extraño, oscuro y barrado nos atrajo. Con esta fabulosa ave en mente, hace días contactamos al profesor Felipe Estela, pues la presencia de este extraño y esquivo animal se volvió noticia entre los fotógrafos de aves de la ciudad. Verlo sería una fantasía, poderlo retratar una hazaña sin igual.
Le escribí al profesor Estela su chat:
- “Veo que hay un Buho barrado albinegro en la Javeriana. Espero oportunidad de fotografiarlo”.
Me respondió a la media hora:
- “Claro que si, no estaré estos días en la Universidad, pero apenas pueda, nos ponemos cita para verlo”
Hoy, un mes después, es el anhelado momento para poderlo ver Luego de pasar los férreos filtros de ingreso a la universidad. La pandemia nos dejó más desconfiados que antes. Ir a fotografiar un búho era una excusa muy rara para los guardas de seguridad.
- “Ayer estaba en el guadual, espero que hoy también esté”. Nos saludó, alentó y nos previno el profesor Estela.
En poco tiempo llegamos al guadual, a pesar de la hora, estaba oscuro, tupido y frondoso. En esa maraña se supone que estaba la gran ave de unos 40 cm. Durante una hora miramos para el cielo, esperanzados de un milagro y en este caso de una gracia Jesuítica.
Vimos ardillas y algunas aves, que nos hacían desconcentrar. Nuestros ojos nunca se acostumbraron a las hojas del guadual que a lo lejos parecían todas el búho anhelado.
Al cabo de hora y media de buscarlo por todos los rincones posibles de esa cúpula, no pudimos encontrarlo. La fotografía de aves es así, impredecible, anecdótica. Una extraña coincidencia de situaciones que se juntan en un momento. Producen segundos preciados de belleza, inmortalizados por una fotografía, tal vez única pues siempre es diferente cada momento, cada hora del día, cada lugar.
La fotografía de naturaleza son espacios de encuentro y reconocimiento únicos e irrepetibles, en los cuales el resultado generalmente es menor a la experiencia misma. Después de muchas obturaciones, la verdad es que pocas veces son buenas fotografías, la mayoría sirven para identificarlos nada más.
Afortunadamente a los búhos es difícil captarlos, estas especies son nocturnas, por ende difíciles de hallar. En una próxima vez seguiremos esperando la oportunidad de algún día poderlo fotografiar. Ese pequeño habitante de la Javeriana lo amerita, su belleza, su mimetismo es parte de lo especial de su existencia. Valoramos su presencia y nos enorgulleceremos de algún día poderla captar en un click.
Otro día será.



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